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martes, 18 de diciembre de 2012

Anarquistas posmodernos

Hoy me dejo caer por aquí con un aire de fusión insoportable. Será porque en la actualidad todo se mezcla y el que no mezcla no está en la onda, o será, quizá, por esa manía mía de ponerle nombre a las cosas. Ya sé que el fusion name que titula este artículo mezcla dos conceptos tan trasnochados como antagónicos, pero de ese cóctel tan aparentemente contra natura resulta algo que, lejos de ser anticuado y absurdo, está arrasando en este país y en su “desarrollado” entorno cual flequillo a lo Justin Bieber. Además, la anarquía posmoderna no parece banal ni pasajera porque tiene sus principios sólidamente asentados en un proceso histórico que comenzó como una respuesta, catapultada por Ronald Reagan hacia el éxito en el que está culminando en estos días, al new deal rooseveltiano que tanto daño hizo a las clases altas en el reparto de la riqueza disponible en beneficio de las emergentes clases medias. Respuesta que busca revertir la estructura social de tres clases a la anterior y más simple de solo dos, y quien no se lo crea que consulte el memorando Powell, guía espiritual de los nuevos (o viejos) antisistema.

A finales del siglo pasado, la lucha de clases quedó superada por la idea moderna de que en realidad todos vamos en el mismo barco y tenemos que remar juntos en la misma dirección. Con los medios de comunicación y los gobiernos controlados, fue fácil para las oligarquías económicas incrustar en los ciudadanos la idea de que los representantes de los trabajadores son unos vagos y unos chupócteros que viven de los presupuestos generales del estado (en mucha menor proporción, por cierto, que los partidos políticos), debilitando así su actuación. En esa moderna filosofía que convertía a la empresa en la familia y a los sindicatos en dañinas rémoras del pasado fueron cayendo uno tras otro los derechos laborales conseguidos con esfuerzo durante años sin que los trabajadores, anuladas las colectividades en las que se organizaban para defenderse, fueran capaces de reaccionar. Y eso no es nada, porque después de la modernidad llega la posmodernidad, que incide y profundiza en sus principios, objetivos y estratagemas, pero de ese punto ya hablaré más abajo.

La anarquía propugna el gobierno del individuo mediante la abolición del estado, el triunfo de lo individual sobre lo colectivo. Hace algunos años, uno de esos nuevos franquistas que no han visto al dictador más que en los libros de texto, me decía que en muchos aspectos los principios del franquismo y los del anarquismo eran muy parecidos: una gran desregularización y que los individuos se las arreglaran como pudieran. ¿A qué me suena esto? Algunos creen en el estado como una forma de poder y no como la organización del ciudadano para controlar todos aquellos aspectos que tengan que ver con la colectividad en busca del bien común. Desregularizar, privatizar (perdón, “externalizar”) y que cada cual se las arregle en esta vida como pueda. Un estado reducido a la mínima expresión que, como ya no es el gobierno de los ciudadanos, puede ser cualquier cosa. Por ejemplo, el de las grandes corporaciones como en Blade runner. Vaya, va a ser esto la anarquía de los nuevos tiempos, de los tiempos posmodernos en el que damos el tiro de gracia a los sindicatos eliminando liberados a mansalva, “externalizamos” la sanidad, recortamos la educación y la investigación, eliminamos la dependencia, cobramos la justicia no sea que se nos ocurra exigir nuestros derechos y que cada palo aguante su vela. Con este panorama, el regreso al sistema de dos clases está cantado.

Pero las ideologías son libres. El problema es que se ofrezca un servicio y se dé otro, que se nos venda un ordenador super moderno que resulte ser un teléfono analógico y que se nos diga que no había alternativa. Esos dos puntos de déficit del estado que nuestros gobernantes utilizan como excusa de lo inevitable ha resultado ser el arma secreta que tenían bien escondida en el cajón de las comunidades autónomas controladas y que sacaron nada más hacerse con el poder. Pero eso ya no convence a casi nadie porque lo inevitable resulta ser lo que llevan toda la vida soñando. Y nos la clavan mintiendo porque piensan que una mentira, repetida hasta la saciedad, acaba convirtiéndose en una verdad. Las armas sirven para protegernos por más que las matanzas se suceden unas a otras, los sindicatos son unos parásitos aunque sin ellos nos roben todos los derechos laborales, la sanidad y la educación pública son un problema a pesar de que los pobres nos quedemos sin futuro, desahogamos la justicia pagándola aunque eso suponga que no podamos acudir en su auxilio y nos convirtamos en víctimas de todos los abusos.

Y aquí estamos, gobernados por anarquistas posmodernos que no creen ni en el estado ni en la colectividad, que nos venden que todo eso del sindicalismo y lo público son cosas del pasado pero que nos quieren devolver al siglo XIX. Anarquistas posmodernos y mentirosos que han ganado unas elecciones ocultando sus ideas para conseguir un transvase de riqueza de las clases medias a las dominantes sin precedentes. Unos gobernantes que, superada la lucha de clases, nos meten directamente en la guerra de clases. Muchas veces los imagino colgados de unos hilos invisibles, moviendo la boca en silencio mientras escucho una voz que no se sabe de dónde sale. Quienes manejan los hilos se ocultan en una invisibilidad magistral de enemigo sin nombre, sin rostro. Esto está en marcha. La gente se tira por las ventanas y los policías sacan los ojos a quienes protestan. Eso es lo que tienen las guerras. Se corren riesgos, pero al final o ganan unos o ganan otros. Cada uno debe de saber de qué lado está.

martes, 4 de diciembre de 2012

ÁMBAR, de Enrique Peñalver

Siguiendo con mi costumbre de reseñar las novedades editoriales de mis amigos, hoy le toca el turno a Enrique Peñalver con su recién publicado libro "Ámbar". En esta ocasión no se trata de literatura, sino de divulgación científica. Enrique Peñalver es investigador del Intituto Geológico y Minero de España experto en insectos fósiles y, por tanto, en ámbar, ese ataud de color de caramelo que tanta información ha proporcionado sobre los insectos de tiempos pretéritos trayendo hasta nuestros días sus restos en un estado excepcional de conservación.

Con el paleoentomólogo Enrique Peñalver, junto al paleobotánico Eduardo Barroso y al ammonitólogo José Juárez, he compartido magníficas horas de trabajo de campo en busca de esos restos esquivos del pasado encerrados en el interior de las rocas. Y es que no todo en esta vida es literatura. Para presentar este magnífico libro, qué mejor que transcribir el "abstract" (para seguir la nomenclatura científica con una cierta licencia literaria que espero que el autor me perdone) que figura en la contraportada.

Hace unos 30.000 años alguien se aprovisionó de ámbar en el norte de la península Ibérica para adornarse... En nuestros días, el astronauta Pedro Duque se llevó consigo, como diversión científica, una pieza que contenía un insecto a orbitar el planeta. El ámbar o resina fósil es objeto de una intensa investigación científica, debido a que esta "cápsula del tiempo" aporta una abundante y valiosa información sobre la vida del pasado en forma de fósiles. Este libro comienza con la narración de las primeras ideas sobre el ámbar y sus usos, continúa con lo que hay que saber para comprender su origen y su valor paleontológico y termina con algunas de las últimas fronteras del conocimiento y las más modernas técnicas aplicadas a su estudio. ¿Por qué se ha creído que tiene propiedades mágicas o curativas? ¿Qué hay de verídico en la historia de Parque jurásico? ¿Es cierto que se ha producido cerveza con levaduras prehistóricas resucitadas de su interior? Como cualquier otro aspecto de la naturaleza, el ámbar genera más preguntas de las que contesta, pero, como podrá comprobar el lector, sus respuestas suelen ser fascinantes y sorprendentemente ricas en detalles.

martes, 20 de noviembre de 2012

Perro solitario y rabioso

Después de un mes en blanco -harto estaba de escribir después de acabar mi nueva novela-, regreso a estas páginas con algo que creo vale la pena de una compañera de trabajo. No la conozco en persona porque nuestros centros están separados por un puñado de cientos de kilómetros, pero he leído muchos de sus poemas y hemos intercambiado opiniones sobre nuestras respectivas creaciones porque colaboramos en la misma revista digital. Tengo que decir que Juana Rios rezuma sensibilidad -que no sensiblería- por los cuatro costados y que en cada uno de sus nuevos poemas me sorprende más que en el anterior. Aquí os dejo una hermosa muestra de su trabajo poético.

Perro solitario y rabioso

Peces ambiciosos de océanos, atraviesan,

viajeros del agua, los ríos dorados de tus ojos.

Tus labios dibujan palabras en el espacio que nos separa

que yo devoro ansiosamente, con hambre de tu voz.

Y sé que aunque me miras, no me ves,

que aunque me hablas, estás muy lejos,

que tu risa se escapa jugando con el viento

a lugares inaccesibles para mí, secretos.

Un rayo de sol abre un camino, una herida sobre las sábanas,

un precipicio silencioso que se dibuja en el colchón

entre tu cuerpo y el mío.

El día, con su presencia luminosa,

diluye el espejismo de la noche,

y en tu piel, las rutas que guiaron mis manos maravilladas,

se borran, se cierran, se esconden.

Sonríes y la habitación se llena de mariposas, de veranos,

de caracolas y olas de espuma ingrávida.

Y te marchas de mi casa, y la ceniza gris, triste, amarga,

de tu ausencia, me muerde en la boca

como un perro solitario y rabioso.

Juana Ríos Ríos

viernes, 19 de octubre de 2012

Vuelta a casa

Un día que parece pero que no es un día cualquiera, te encuentras a un amigo y te pregunta, como si lo hubieras estado rehuyendo, que dónde te has metido todo este tiempo. ¿Cuántas personas podrían hacerte esa misma pregunta con toda la razón? Entonces, giras la vista atrás para encontrar el punto en el que te sumergiste, en el que te echaste por encima la potteriana capa de invisibilidad para esconderte del mundo. Hace tiempo, sí. La ausencia ha sido larga y te preguntas, como si no tuvieras nada mejor que hacer que pegarte puñaladas, si ese tiempo de deserción ha sido o no tiempo perdido. Pero no quieres hacerte daño y comienzas a argumentar tonterías quitándole el hierro al puñal, que el mango no duele. El tiempo no se pierde, se transforma. Qué chorrada. El tiempo es incoloro, insaboro e inodoro. Igual que la energía, igual que el pensamiento, igual que los sentimientos. No es una cosa, es un concepto. El tiempo no ocupa lugar. Vamos bien, pero ya no hay quien pare. Le das mil vueltas y le quitas todo su valor para quedarte tranquilo por la pérdida como si eso pudiera arreglar algo, pero el tiempo tiene su poder. El poder de transformarnos. Sobre todo, cuando se transita dentro del túnel. Uno entra un día por una boca para emerger, tiempo después, por otra, y la emersión le hace sentir distinto. Ha vivido otras experiencias con otras personas, con otros personajes de este gigantesco teatro que lo han cambiado en algo y el regreso a la normalidad se hace extraño. Necesita de una síntesis involutiva que recomponga el ser aunque el intento se quede solo en una aproximación razonable. El túnel es un filtro de ligera irreversibilidad. Un proceso que va creando vacíos como los del queso, que ya nunca se llenan.

Uno intenta evitar el túnel, pero en algún momento difícil de precisar y sin que la voluntad participe, la rueda se pone en marcha y empuja hacia él. Lo ves venir y no puedes evitarlo, aunque las cosas no llegan sin más. Un flash, un núcleo, una idea atómica que no ocupa espacio. Un copo de nieve que comienza a resbalar por la ladera y aquello se pone a crecer como un gameto fecundado. Sin pedir permiso. La rueda empuja como una avalancha y las cosas van quedando por el camino mientras comienza la transformación. Sueltas todo el lastre y, al final, entras en la oscuridad del túnel. Cruzar el túnel es como un juego. Tienes que buscar los interruptores para encender una luz tras otra e iluminar la escena en la que vive la historia. Retazos que van apareciendo para rellenar los huecos del puzle de piezas intangibles a las que la mente va dando forma y color. Y, de repente, se completa el rompecabezas. Regresa el aire y escuchas la pregunta. ¿Dónde has estado? No es una pregunta inocua. Deja su huella. Como tantas otras veces, te planteas si valen la pena estos ejercicios de soledad mientras el mundo gira ahí fuera. ¿Cuántas cosas han quedado sin hacer? ¿Cuántos abrazos has dejado de dar? ¿Por qué ha pasado el verano sin playa, sin fiestas, sin noches locas? Bueno, tampoco es para tanto. Incluso algún viaje ha caído, pero la verdad es que uno ha ejercido de asceta a tiempo parcial dejando muchas cosas en la cuneta. ¿Por qué? Supongo que porque, al final, todo tiene su recompensa.

He estado en el túnel. En las catatumbas de la imaginación cosiendo historias. Algo que nació un día de la nada. Una chispa que saltó de una noticia, de un encuentro, de una llamada de teléfono o qué sé yo. En el túnel pasa el tiempo y te transforma para devolverte al final a tu sitio, pero ahora tienes un nuevo trabajo en las manos. Quizá debería hacer caso a Juan Rodríguez, que siempre me aconseja no meterme en líos. Seguro que este verano me habría tomado muchas más cañas con los amigos, pero cada cual es cada cual y no hay quien lo haga cambiar. Estamos en la trinchera. En realidad, ni el tiempo es capaz de hacerlo por más vueltas que le demos a la metafísica. En fin, que ya estáis avisados: he vuelto con una nueva novela.

jueves, 19 de julio de 2012

¡EN LUCHA!

Mientras la clase trabajadora estaba en la calle luchando por sus derechos, en la mejor joyería de la ciudad se celebraba una fiesta para esa élite mimada por los gobiernos que no conoce las crisis.

viernes, 13 de julio de 2012

Olimpocracia

La superrubia aprieta un botoncito de su supercoche, que se superdescapota automáticamente delante de la vista incrédula de los infraciudadanos. Lo hemos tenido que soportar mi mujer y yo, y varias docenas más de mortales, esta misma tarde en pleno centro comercial de la ciudad, un centro que no es la milla de oro y que tiene un alto porcentaje de comercios chinos. La superrubia estaba fuera de lugar y se notaba en su supermirada. Me ha recordado a esas otras superrubias que presumen en los medios de sus superpropiedades jactándose de que a su superclase no ha llegado la crisis. Quizás llegue pronto el día en que pegar palizas a los ricos se convierta en un deporte, que los pobres las recibimos a diario.

En la última comparecencia tras el consejo de ministros, nuestros dirigentes han aparecido con semplante serio al confirmar las últimas medidas que ya habían anunciado en el congreso. Parece ser que algo van aprendiendo de la ciudadanía, harta de sus sonrisas cuando nos comunicaban sus decisiones por nuestro bien. Creo que deberían seguir aprendiendo y buscar ese bien que dicen buscar por otro camino. Ahora sabemos que con el 40% del dinero de las grandes fortunas europeas se pagaría toda la deuda de la zona euro. Más o menos lo que pagan de irpf los mejores asalariados. Las grandes fortunas no se acercan a esa cifra ni en sueños, que los dioses del Olimpo viven en un paraíso fiscal al margen del bien y del mal. ¿Se habrán vuelto cegatos nuestros políticos? En realidad, creo que nunca tuvieron muy buena vista.

Sin embargo, el ministro Guindos nos hace saber que saldremos de la crisis antes de lo esperado (me estoy partiendo de risa) y con un cambio de modelo: nuestra economía se basará en la exportación. Como no sea de esclavos... Vamos a ver. Si destruimos el sistema educativo, si dejamos de invertir en I+D, ¿qué cojones vamos a exportar? Bueno, el camino está claro. Nos cargamos también los derechos laborales, los salarios y los sindicatos y ya estamos en el modelo chino: trabajar el doble por la mitad produciendo artículos de calidad ínfima para vender en el tercer mundo (que el primero es suyo), que en cuatro días nos pasa delante. ¡Vaya, este Guindos es un genio! Eso es exactamente lo que está demandando la ciudadanía. El pobre hombre no lo entiende pero bueno, por satisfacer al pueblo, lo que sea. Eso sí, lo dice con el semblante de hombre restreñido de dos semanas, que las supersonrisas de superministro las guarda para sus supercolegas europeos. Aun recuerdo la sonrisa sádica de Soraya cuando anunció los primeros recortes. Hay que ver cómo disfrutó la mujer. ¡Cómo aprenden nuestros políticos escuchando al pueblo!

Otra cosa que me llama mucho la atención es el tema de la herencia. Desde luego, nuestros políticos son unos desagradecidos. Luchan hasta la muerte por el poder y después no hacen otra cosa que quejarse de la herencia. ¿Pero no van juntas una cosa y la otra? Si no quieres una herencia, no hagas aceptación. Pretender el poder sin la herencia es una de tantas chorradas más de político. Se quejó de la herencia Suarez (creo que fue el único que se quejó con razón), después se quejó Felipe Gonzalez y a continuación lo hizo Aznar. También se quejó Zapatero, al que la burbuja ladrillo-aznarista explotó en las narices, y ahora se queja sin parar Rajoy. Si se lo creen, son idiotas. Si lo dicen de cara a la galería, son indignos de proclamarse nuestros representantes. Y, mientras tanto, especuladores, banqueros, defraudadores y demás habitantes del Olimpo ni más tranquilos. ¿Qué coño de democracia es esta? A estas alturas, prefiero llamarla OLIMPOCRACIA.

miércoles, 4 de julio de 2012

El faro de las lágrimas perdidas, reseña

Sinopsis: Zoe, un joven abandonado por su pareja debido a su miedo al compromiso, intenta alejar los problemas en una cala a pies de un majestuoso faro. Disfruta del sol, de la fina arena y de su gran pasión la fotografía. Con sus gafas y aletas de bucear recién compradas, se sumerge en las profundidades del mar, junto a un abrupto acantilado, tratando de encontrar en su apacible silencio respuestas que lo ayuden a reencauzar su vida y a hacer las paces consigo mismo.

En una de sus incursiones, es succionado por una fuerte corriente de agua que lo lleva hasta una gruta submarina, donde descubre el Sirius, un buque hundido en 1906 y apodado  "El Titanic español". Asustado, ignora por completo cómo podrá salir de allí. Más tarde, unos pescadores encuentran su cuerpo flotando a la deriva y es llevado al hospital donde recobra la consciencia, pero no recuerda nada de lo sucedido.

De regreso a la ciudad, descubre que algo ha cambiado en él: tiene la capacidad de adivinar lo que va a ocurrir. En EL FARO DE LAS LáGRIMAS PERDIDAS su joven protagonista tendrá que enfrentarse a una realidad confusa en la que el pasado, presente y futuro se entremezclan en una atmósfera angustiosa y donde su obsesión por esas extrañas premoniciones, le guiará por un laberinto hacia esa insoportable verdad a la que se empeña en dar la espalda.

Podrá Zoe enfrentarse a lo desconocido? a la verdad que cambiará el curso de su vida?

El autor: Hugo Stuven Casasnovas. Terminó sus estudios de Medios Audiovisuales en 1998. Empezó su carrera como actor, trabajando en series juveniles de gran éxito. Dejó de lado la interpretación y se volcó de lleno en la escritura y en la dirección. Como guionista de cine tiene escritos varios largometrajes. Con su primera novela El Faro de las lágrimas perdidas ha sido finalista del Premio Minotauro 2010 (Premio Internacional de novela Fantástica y de Ciencia Ficción del grupo Planeta). Ha escrito y dirigido cuatro cortometrajes. El Sótano,Hilo de melancolía, Stand by y Te mato…

También ha participado en la composición de la banda sonora de alguno de ellos. Es el co-realizador del making of de las películas Amador, de Fernando León de Aranoa, y DiDi Hollywood, de Bigas Luna. Además de trabajar como realizador en publicidad, ha trabajado en el equipo de dirección de películas como Crimen Ferpecto de Alex de la Iglesia,Alatriste de Agustín Díaz Yanes, Lola de Miguel Hermoso y Lope de Andrucha Waddington.

Opinión: Novela enfocada claramente a un público juvenil con algunas pinceladas literarias y muchas cinematográficas, que es el ámbito en el que el autor desarrolla su actividad profesional y eso se nota en la novela. Nos conocimos en la feria del libro de Madrid y tengo que decir que es una persona de trato fácil y directo que me sorprendió gratamente. Esa personalidad está plasmada también en la novela en un lenguaje franco y accesible ni exento ni recargado de giros literarios bien utilizados, moderno y ligero como se puede esperar de una novela de estas características. Hasta el final de la historia uno piensa que va a ser imposible encajar el puzzle para que todo acabe cuadrando, que el autor acabará utilizando el recurso de "Deus ex machina" para salvar la historia. En cierto modo es así, aunque de una forma original y sorprendente. Después de todo, es una novela de fantasía.

Los escasísimos personajes son, en general, creíbles, aunque el protagonista tenga algunos aspectos algo forzados, como el amor desmesurado a un padre que abandonó a la familia en su infancia. Tengo que decir que la lectura ha sido agradable aunque hasta el final mismo de la historia se pase uno preguntándose cómo será posible resolverla. Tiene momentos de ritmo rápido que llaman a leer más y eso siempre es de agradecer. En conclusión, una historia ligera y entretenida para jóvenes que no pasará a los anales de la literatura -ni creo que el autor se preocupe por eso- pero que bien puede hacer pasar momentos agradables de lectura. Personalmente, comulgo con este tipo de literatura. Prefiero contentar a públicos que buscan momentos de evasión que a críticos y eruditos. Se queda uno más a gusto.

martes, 12 de junio de 2012

Hasta las bolas de mentiras

Un principio irrenunciable para mí al crear este blog fue el no utilizarlo para fines distintos a los perseguidos en su concepción, básicamente literarios y, si se da el caso, de creación artística en general. Pero llega un momento en que la olla a presión necesita liberar energía para no reventar y mi principio inamovible se diluye como humo en la niebla. Así que hoy convierto este medio en válvula de escape y que dios nos coja confesados.

Aunque mi formación en algunos ámbitos no es muy amplia, sé escuchar, sé leer y sé ver, así que, poco a poco, me voy haciendo una opinión de las cosas. Junto las piezas del puzzle para intentar recomponer una imagen de la realidad intencionadamente troceada para alejarla de lo evidente. Cierto que este país es una cueva de Alí-Babá y que no te puedes fiar ni de las personas ni de las instituciones, pero parece ser que en otros países más "avanzados" son capaces de mantener cuadrillas de espabilados que, sin comenter ninguna irregularidad, consiguen mucho más de lo que aquí se alcanza con marrullería de baja estofa. El rumbo que nos está marcando la clase dirigente alemana en connivencia con su gobierno para colocarnos en el lugar que les interesa nos lleva a un retroceso económico y social que podría hacernos recular medio siglo en el tiempo, sino más. Y creo que ya es hora de que hablemos de ello todos y por todos los medios. Alemania está consiguiendo lo que siempre ha soñado: la supremacía en Europa. Y lo está consiguiendo con la economía a través de la acción política. España, un país de cuatreros que han desvalijado las cajas de ahorros con la participación activa de políticos y sindicalistas mediante prácticas clientelistas en la frontera de lo mafioso, que ha ahogado la vida pública con la corrupción y que ha contaminado con ella las instituciones, es una víctima fácil.

Cuando Rajoy dijo que la confianza en España era tal que un grupo de inversores alemanes vendría a nuestro país en septiembre, lo vi muy claro. Nuestras condiciones laborales se están acercando a lo que demanda la industria alemana: bajos salarios y escasos derechos. El sueño, por ejemplo, de cualquier marca automovilística con la producción deslocalizada. Cada recorte en educación, cada punto menos de inversión en I+D en España -o en cualquier otro país europeo- es un triunfo para la poderosa maquinaria tecnológica alemana que busca eliminar toda competencia en sus fronteras de influencia. Los alemanes quieren asegurarse de tener las patentes, que es lo que realmente da dinero. Las fábricas pueden instalarlas en cualquier parte. Mejor si es en los países periféricos de "su" Europa, como España, Italia, Grecia, o Portugal, porque los gastos de transporte serán menores y comparten su moneda. Sus PIGS (Portugal-Italy-Greeze-Spain) que van a poder utilizar para no poner sus fábricas tan lejos. El rescate a la banca es otra arma más en su poder, que utilizan ligándola al cumplimiento del objetivo de déficit que ellos mismos nos marcan. Es decir, a la profundización de nuestro país en las reformas que les benefician.

En estas condiciones, no nos queda otra que echarnos al monte. A la mierda el euro y que cada palo aguante su vela. Y, si me equivoco, que alguien me explique de una puñetera vez y con claridad por qué nuestros gobiernos se pliegan sin levantar la voz. Que nos revelen a todos quiénes, dentro de nuestras fronteras, se van a beneficiar del desmantelamiento de los servicios públicos. Quizás nuestros dirigentes, cuando cesen su actividad política, pasen de colocarse en las compañías bandera patrias para colocarse en las compañías bandera alemanas. Sería un justo premio por los servicios prestados. Esto huele cada vez peor.

domingo, 10 de junio de 2012

Trazado en diagonal, reseña.

Sinopsis: Lidia, una joven con pareja, y con buen puesto de trabajo, decide romper con todo. Así, se marcha sin rumbo ni destino. En un pueblo costero, caminando por la playa, una mañana conoce a Giacomo, un italiano que se encuentra paseando a su perro. Sienten una fuerte atracción desde el primer momento, por lo que durante los días siguientes, vivirán una profunda historia de amor. Lidia se da cuenta de que es el hombre de su vida, pero Giacomo ha enviudado recientemente y contempla la existencia desde una perspectiva más liviana desde entonces. Todo lo contrario que Lidia, quien no puede evitar magnificarlo todo. En este momento el lector conocerá el gran secreto de nuestra protagonista y el porqué de la actitud de los últimos tiempos: unas pruebas médicas le diagnosticaron una grave enfermedad degenerativa que en poco tiempo podría acabar con ella.

Trazado en diagonal, enmarcada dentro del género romántico, es una novela moderna, urbana, que habla de la juventud, y trata los principales problemas a los que una persona tendrá que hacer frente en un momento determinado.

La autora: Ana Julia Martínez pertenece, como yo, a ese enorme ejército de funcionarios escritores que recorren las ferias de este país con mayor o menor fortuna. Ha participado en varios concursos literarios con buenos resultados, ha escrito en prensa y presenta un programa de radio. A este extenso currículum, hay que añadir que también es actriz de doblaje de spots y documentales, hecho que provocó una curiosa anécdota en nuestro encuentro en la Feria del libro de Madrid. Prometí leer y comentar su libro, y aquí está.

Opinión: La autora tiene una historia que quiere contar y lo hace como si estuviera con una amiga en la terraza de un bar. Sin metáforas rebuscadas, sin florituras literarias. Este es un libro que no tiene pretensiones. Un lenguaje sencillo, actual, directo. No hay que pensar mucho. Basta con dejarse llevar por la lectura. Trazado en diagonal es una novela de una tarde de playa, con el sonido de las olas de fondo. Ni dejará huella ni resaca. Habremos pasado la tarde y esa parece ser la intención de la autora. Literatura ligera para momentos intrascendentes. Aunque los personajes y las situaciones parecen un poco forzados y tanto enamoramiento puede acabar resultando cómico, no me ha costado ningún esfuerzo leer esta obra, al contrario de lo que me ha pasado con algunas novelas de autores consagrados que han acabado en la estantería a media lectura.

Tratándose de género romántico, creía que le daría carpetazo en las primeras páginas, pero es ligera como una ensalada de arroz en el més de agosto. He llegado hasta la última página sin darme ni cuenta. Si te gusta la novela romántica y te vas a pasar la tarde a la playa, Trazado en diagonal es una buena opción.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Noches de verano

Qué delicia el veranillo. Los días largos, el buen tiempo, la playa, la cerveza helada, la paella con sangría, la paga extra... Lástima que las vacaciones duren mucho menos que el verano. No es que uno quiera ser un aprovechado y hundir el país, que para eso ya sobran voluntarios, sino que verano y trabajo forman mala pareja porque el rendimiento laboral cae en picado. Y no por el sofocante calor diurno, que la mayoría tenemos aire acondicionado en nuestro puesto de trabajo, sino por el bochorno que por la noche inunda nuestro hogar por mucho que uno intente echarlo con cajas destempladas. No queda más remedio que abrir bien las ventanas y rogar al dios Eolo -que mis conocimientos del santoral no llegan más allá de Santa Rita- que respire con cierta agitación. Lo malo es cuando en lugar del aliento divino entran por las ventanas las televisiones de los vecinos que no pueden o no quieren dormir, las voces que algunos necios profieren por la calle como si estuvieran en el patio de su casa, la música atronadora de los coches con pilotos que tienen el cerebro tuneado y un conjunto heterogéneo de ruidos inevitables como el del camión de la basura. De estos últimos no me quejo porque son tan inevitables como necesarios, pero de los que vomita ese ejército de autistas que ni empatiza con sus congéneres ni los respeta no puedo más que darles toda la culpa de la caída de mi productividad. Que cuando uno intenta dormir por la noche y no le dejan, las horas pasan más despacio que una procesión de viernes santo y nos da por cantar eso de "Y nos dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres...". El despertador nos sacude cuando parece que acabamos de dormirnos y nos arrastramos hasta el baño con aspecto de zombis desmotivados. Desayunamos con los ojos pegados y acabamos acudiendo al trabajo sin haber tenido tiempo ni de afeitarnos. Y así no hay quien rinda. Y el jefe, que duerme en una tranquilísima urbanización de las afueras y con el aire acondicionado encendido, se despierta más fresco que una lechuga y no entiende tu desidia. Y mientras tú estás allí sufriendo e intentando mantener la dignidad laboral, las rapaces nocturnas duermen a pierna suelta hasta el mediodía. Y con el paro creciendo, esto es cada vez peor. Y la prima de riesgo loca de encerrar.

viernes, 25 de mayo de 2012

Diez horas en Madrid

El avión sale una hora tarde. Comenzamos bien. Ambientazo en el centro de Madrid. Los hinchas del Bilbao y del Barça confluyen, serpentean entre sus calles y sus plazas bajo un sol de justicia. Vascos y catalanes se alían para cantarle a Espe La Marsellesa en el km 0. Entro en algunos comercios y hablo con la gente. Todo el mundo reniega de su presidenta. ¿Qué tendrá esta mujer que es capaz de ponerlos a todos de acuerdo? ¿Espíritu de consenso? Hasta los suyos asienten: Espe, te has pasao...

Parque del retiro a media tarde. 356 casetas abren las persinas. Las firmas comienzan con retraso. Una hora después de lo anunciado por mi editor. ¿Por qué no me acostumbro de una vez a llegar tarde a los sitios? El ambiente comienza flojo y hay más casetas que público. ¡Si hasta el BOE tiene su caseta! Ni se te ocurra pasearte por allí con un e-reader. Los instrumentos diabólicos no son bienvenidos.

Las casetas son minúsculas. En la 41 nos hacinamos tres autores sudando la gota gorda. Un letrero mal escrito con rotulador sobre una hoja de cuaderno nos anuncia. Felipe, el concesionario de la caseta, nos dice que la megafonía también, aunque los altavoces no suenan por esa zona. Un amplio mostrador nos separa de los lectores como si nos defediera de ellos o a ellos de nosotros. Me destrozo la espalda intentando acercarme. No sé, había esperado algo mejor de la mejor feria de España. Nuestro editor ha puesto el listón alto: 10 libros cada uno en dos horas. Madrid es una plaza difícil si nadie te conoce y si ni siquiera puedes acercarte al público. Dos visitas. Vendo dos libros. Muchas gracias a Carmen y a Lola. Por fortuna, yo llevaba los deberes medio hechos: me habían encargado seis libros, así que, con una tarde que acaba flojeando tal como empezó -cosas del futbol, según Felipe-, vendo ocho libros -encargos incluidos- en hora y media. Saco cuentas. Según el editor debería haber vendido 2,5 libros cada media hora. Tres medias horas, 7, 5 libros. He redondeado por arriba y doy el objetivo por cumplido. El del editor, no el mío: vender un libro a un desconocido. ¡Eso sí que es difícil! Tengo que salir volando. El taxista reniega de la presidenta.

De nuevo en el aeropuerto. Nunca hablo con desconocidos. Debe de ser algo que me ha quedado de la niñez. O quizás es que soy demasiado soso. ¡Vaya escritor! No sé por qué, me salto la norma y entablo conversación con un señor de mi tierra al que nunca había visto. De una cosa vamos a otra y, quince minutos después, saco uno de los seis ejemplares de la maleta y se lo vendo. ¡Ahora sí que he cumplido mi objetivo! Quizás sea yo el primer escritor que vende un libro en una puerta de embarque.

Me acuerdo de mis compañeros de firma. Ana Julia Martínez (Trazado en diagonal) y Hugo Stuven (El faro de las lágrimas perdidas). Ellos han sido lo mejor del día. Buena gente. Nos hemos hecho fotos.

Llego a casa. El barça ha ganado. Mi mujer está trabajando y mi hijo de marcha. Qué fea es una casa vacía en el regreso. Es algo así como cuando pides una cerveza en un bar y te dicen que se ha acabado. Me pongo a escribir hasta que los ojos dicen basta. Son las 03:30 del 26 de mayo del 2012. Buenas noches.

martes, 22 de mayo de 2012

Viva la revolución

Poco me gusta comenzar algo poniendo en antecedentes para que se entienda la continuación, pero a veces no queda otro remedio. El caso es que soy colaborador habitual de una revista digital accesible solo desde la intranet de la empresa para la que trabajo. Es una empresa más bien grande. Bueno, lo diré ya mal que me pese. Trabajo como informático en la Agencia Tributaria. La revista en cuestión se llama La Ventana (¡qué original!). Allí cuento mis historias. La mayoría de los personajes que viven en mis líneas de La Ventana son funcionarios, cosa que encanta a mis lectores. Tengo que decir que nunca ha sido rechazada ninguna de mis historias, aunque tengo por costumbre no ser demasiado benévolo ni correcto. Ninguna... hasta ahora. Sobre mi última historia-reflexión ha corrido un velo de silencio a pesar de mis insistencias. El personaje es un informático de la Agencia Tributaria, vaya por dios, que habla de lo cotidiano a cuento de las declaraciones (y esta es la parte real del cuento) que hizo no mucho ha un secretario de estado de nuevo cuño sobre los cafelitos y el diaro de los funcionarios. Creo que no ha gustado demasiado a los responsables de la publicación y esta censura me recuerda otros tiempos que tuve la desgracia de conocer en mi tierna juventud. Lo curioso es que, poco antes, la misma publicación había abierto sus puertas a las opiniones (el primer artículo de opinión que veo en esas páginas) de una economista defendiendo la reducción de la administración mediante el despido de funcionarios. Hay que ver lo que ver nos toda... En fin, que reproduzco a continuación mi censurada historia.

Viva la revolución

Vaya por dios. Últimamente no tengo tiempo ni para entrar unos minutos en La Ventana y ver las novedades. Casi no lo tengo ni para salir a hacer el cafelito. Y ya está aquí la campaña de renta... Sin embargo, hoy he decidido rebelarme. Aunque se derrumbe la casa sobre mi cabeza, me tomo un respiro. Quizás me tome de golpe todos los cafelitos que me he estado perdiendo últimamente aunque se cortocircuiten mis sinapsis neuronales. O me ponga a leer el diario, sí. Recuerdo que eso era costumbre cuando entré en esta santa casa hace veintitantos años, sobre todo en los despachos. Ni recuerdo ya cúando pasó a mejor vida ese sano interés por estar al día. Pues es una pena, porque de algunas novedades que nos conciernen se enteran antes nuestros clientes que nosotros, porque se ve que aún queda gente por ahí que tiene tiempo de leer el diario. Bendito respiro, pero.. ¿a qué viene esta repentina insumisión, cual ángel caído (el símil religioso, para estar a la moda, más que nada), que empuja a la deriva mis obligaciones? Que nadie se alarme. Se trata solo de una enajenación mental transitoria inducida. ¿Por quién? Por mi jefe, claro, que siempre hay que echarle la culpa a los jefes, que para eso cobran lo que cobran y tienen la espalda como la tienen. Bueno, por uno de ellos, que tenemos tantos como días tiene el año (el bisiesto, quiero decir). Más concretamente, con uno que es Secretario de Estado y que se le ocurrió abrir la boca (pedazo de boca) respecto a los cafelitos y los periódicos. Me estoy sospechando que él no toma cafelitos. A ver. Secretario de Estado... ¡Eureka! Claro como el agua. Que a ese nivel solo se toma champagne con miguitas de 24 quilates. Bueno, a lo mejor toma calelitos, pero con agua de Vichy, que por algo está por encima del bien y del mal. Cosas de la clase (la social, que la educativa se cae a pedazos). Me estoy sospechando que ese odio que profesan casi todos los políticos (y asimilados) hacia los funcionarios (¿alguien es capaz de encontrar las siete diferencias entre una rosa y dos gaviotas?) no sea otra cosa que un vano intento de expiar culpas propias. ¿Por dónde comenzamos? ¿Por Botella y su peluquería y sus compras con séquito y coche oficial? Huy, perdón, que las culpas se echan hacia abajo, no hacia arriba. Mejor no sigo con la (interminable) lista, que me la juego. Estos maravillosos dirigentes políticos son todo diligencia y productividad, eficiencia y eficacia. Y ahorro, que el retrato de Bono solo nos va a costar 82.000 euritos de nada. La tradición manda, mire usted, aunque estamos en recortes. Ahora bien, si no cambiaran jamás al presidente del congreso nos íbamos a ahorrar una pasta en retratos... Por cierto que tengo un primo que vive muy cerca del congreso que seguro que le haría una foto gratis. Me han dicho que la cafetería del congreso está a punto de quebrar. Por la mejora de la productividad de los parlamentarios, más que nada, que los pobres ni respiran. Ni tienen tiempo de estar al día con la prensa, mire usted. Bueno, voy a hacerme el cafelito. ¡Joder, se acaba de caer la red! O echo a correr o me comen vivo, que el edificio está petado de contribuyentes y hay que acabar de hora. Esto de trabajar en el departamento de informática es un rollo. Casi peor que en el de censos y requerimientos. Tendré que dejar el cafelito para otro día. Viva la revolución, vaya por dios.

jueves, 17 de mayo de 2012

Experimentando

No sé si llamarlo asombro o espanto. Quizás debería inventarse un adjetivo nuevo para describir la mezcla de ambos. Asompanto, por mal que suene, es lo que siento al leer la noticia. Científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas han modificado genéticamente un virus para alargar la vida y lo han probado con éxito en ratones. La gran noticia es que el tratamiento podría ser aplicado a seres humanos. ¡Dios mío! ¿Pero no es este el germen de las pelis de zombis? Menos mal que, de momento, solo se experimenta con ratones, aunque no me atrae nada la posibilidad de un ejército de roedores zombis tomando la ciudad al asalto. Bromas aparte, la noticia me obliga a varias reflexiones. En primer lugar, los ratones son muy adecuados para la experimentación porque en muy poco tiempo se puede obtener un ciclo de vida completo. Y varias generaciones, que los bichos chingan como bestias. ¿No serán necesarias también varias generaciones de científicos para evaluar los resultados de la aplicación del tratamiento en humanos? Entonces, ¿para cuándo podría estar disponible? ¿Para el 2327, más o menos? Mejor ir a lo más inmediato. Igual podemos conseguir hamsters que nos hagan compañía durante ochenta años. Qué fantástico. Toda la vida limpiando sus caquitas. En fin, que creo que seguiremos igual durante muchísimo tiempo. De cualquier modo, puedo continuar con mis espéculoreflexiones. Si en realidad pudieran alargarnos la vida, ¿los años de más sumarían a la jubilación o a la vida laboral? En el primer caso, me apunto. En el segundo, me ahorro el tratamiento. ¿A las suegras también se les alargaría la vida? ¿Y a los políticos? Por dios, que nadie me malinterprete, que no les quiero ningún mal, pero hubo un ministro de sanidad que dijo que para el estado el mejor jubilado era el jubilado muerto. ¿Cuál es el mejor político para un ciudadano? Vaya, ya se me ha ido la olla hacia lo de siempre. Serán cosas de la moda. En fin, lo dicho, que estoy asompantado.

sábado, 31 de marzo de 2012

EL HEREDERO DE ALDARA. Fragmento.

A medida que se ascendía, el sonido de los tambores iba perdiendo fuerza y la niebla consistencia, hasta que una ráfaga de aire fresco acarició el rostro de Ars. Había llegado a la cima y asomaba la cabeza por encima de aquel mar de brumas que escondía la peor de las pesadillas. Un par de escalones más y se encontró en lo alto de la torre, una pequeñísima explanada sobre una aguja rodeada por una balaustrada de escasa altura, sintiendo como si el sudario de niebla que llevaba ceñido al cuerpo cayera de repente a sus pies. Hasta allí llegaba el sonido de los tambores como un eco lejano y mortecino. Entonces, Ars comprendió la advertencia de Raindar. Allí arriba, con los pies dentro de la niebla y el cuerpo fuera, la visión era espeluznante; y la soledad, angustiosa. Y la sensación de que en cualquier momento podía surgir algo terrible de aquel mar que cubría los pies se hacía insoportable por más que abandonar aquella mortaja brumosa hubiera resultado un alivio.
Ars dejó que la brisa despertara sus sentidos abotargados intentando alejar de si los pensamientos más funestos, pero no podía dejar de sentir una especie de vértigo irracional hacia aquel infinito libre y oscuro sobre su cabeza, como si la profundidad de la noche, cuajada de estrellas sobre la bóveda más negra que había visto jamás, se hubiera convertido en una nueva y extraña amenaza. Instintivamente, se sujetó a la balaustrada, la única referencia que le proporcionaba algo de seguridad en aquel lugar solitario, y contempló la niebla que cubría sus pies. Como si se tratara de un juego, levantó uno de ellos y la niebla, que brillaba tenuemente en aquella oscuridad, se agitó lanzando unas volutas a escasa altura. Raindar tenía razón. Imaginar la vista que se debía tener desde allí arriba en un día tranquilo y despejado, aún produciendo vértigo, debía ser una delicia en si, pero la torre no era un buen sitio aquellos días. Aquél no era un lugar para valientes sino para temerarios. Ars pensó que allí no había nada más que ver y que era el momento de regresar.
El joven de Pristen levantó los ojos al cielo para echar un último vistazo antes de adentrarse de nuevo en la bruma cuando se sintió extrañamente inquieto. No sabía precisar el qué, pero había algo delante de él en lo que no había reparado antes. Pero no algo tangible, sino una sensación que le hizo detenerse un instante, como si alguien lo estuviera llamando. Incluso le pareció escuchar su nombre por un momento. Entrecerró los ojos para agudizar la vista, pero sólo la oscuridad lo envolvía con su traje frío y triste. Sin embargo, tenía la profunda sensación de no estar solo. No supo por qué su mano se introdujo entre sus ropas y asió la llama azul que colgaba de su cuello, ni por qué la sacó lentamente como para que contemplara el paisaje. La Llama de Endil estaba caliente, extrañamente caliente en aquella noche fría, y brillaba con su bella y pálida luz azulada. Y a esa luz espectral se dibujó, delante de Ars, aquella presencia que había percibido. Un rostro azulado vagamente humano, de mirada penetrante, le sonreía en mitad de la noche suspendido frente a la torre a unos pocos pasos de distancia. Una sonrisa amenazadora que escondía un mensaje que Ars comprendió sin duda alguna. El muchacho escondió la llama y comenzó el descenso.
- ¿Estás bien? –le preguntó Raindar a pie de la escalera- No sé qué habrás visto ahí arriba, pero estás pálido como un muerto.
- He visto mi destino –respondió Ars con la vista perdida.

lunes, 12 de marzo de 2012

Mitografies i altres dèries


El proyecto que un grupo de entusiastas decidimos poner en marcha tras la desaparición de la librería Àgora se ha hecho realidad: Àgora Associació Cultural se ha formalizado y se pone a caminar con una nutrida agenda de actividades que abarcan un amplio rango temático dentro del mundo de la cultura y del arte.

Una de las actividades programadas para este mes de marzo ha sido la presentación, a cargo de Lluis Pujades, de la traducción al catalán del libro "Mitografies i altres dèries" del poeta italiano Pietro Civitareale, que tuvo lugar el pasado día 7 en el local de la asociación en la calle Jardí botànic 2. El acto contó con la presencia del propio traductor, el poeta mallorquín Lluis Segura. Finalmente, Lluis Segura y Claudia Martorella recitaron varios poemas del libro tanto en la traducción catalana como en el original italiano. El acto, al que acudió un público numeroso, se cerró con la degustación de un vino de la tierra.