
Por fin es Navidad después de todo un año de espera. Pongo las noticias mientras desayuno y me entero de que el Papa Noel ya ha repartido todos los regalos. Una noche dura, sin duda, aunque cada año lo veo más fondón, más pesado, más viejo. Y como a mi los años me convierten en un ser desagradable y escéptico, empiezo a creerme que no lo hace él solo y sospecho que tiene algún ayudante. También ponen fragmentos del discurso del rey. Lástima que no lo pude ver en noche buena y me tenga que contentar con el resumen. ¡Nuestro nuevo rey! Habló explicitamente del paro, de la corrupción, de los catalanes y... ¿Y de qué más? O, mejor dicho, ¿y de quién más? Pues no,vaya por Dios, no la nombró. También el Papa hizo su discurso, aunque me acuerdo menos de lo que dijo. Hay que ver qué lejos llega la voz de los poderosos. Lo digo con admiración, que os veo a algunos pensar que ya estoy otra vez criticando y que no son días para eso. Pero ya que me estáis juzgando os voy a hacer una pregunta: ¿sabéis qué estamos celebrando hoy? Claro, claro. Sí que lo sabéis. No es por nada que esta es una de las tres fiestas grandes del cristianismo. Celebramos la llegada de el esperado. Nuestro mesías. Vaya, Jesucristo. Se supone que nació tal día como hoy. Es tiempo de esperanza. Pero, ¿y si os pregunto por la segunda fiesta grande, la Pascua? Ya os veo a algunos dudar. A ver con el nombre completo: Pascua de Resurrección. Claro, ahora con pistas es más fácil. Tiempo de dolor, sí, aunque sé de buena tinta que algunos lo aprovecháis para iros de fiesta a Cancún. Bueno, venga. Aprovados. Vamos por la tercera: Pentecostés. Bueeeeno. Ahora miramos al techo, ¿no? A ver si recitando: "Veni, Sancte Spiritus, et emitte caelitus lucis tuae radium". Nada, ni por aquellas. Hay que ver qué poco vais a misa. ¡La venida del Espíritu Santo! ¡Lo de la llamita encima de la cabeza! Tiempo, sin duda, de misterio.
Por cierto que tengo una amiga que cree en eso de los espíritus, dice que sabe llamar a los ángeles y mil cosas más por el estilo. Hay que ver qué tendencia más rara tenemos a creer en lo más difuso para convertirlo en una verdad. Su argumento más sólido para convencerme de por qué no estamos disfrutando todos de la luz de ese conocimiento es que la humanidad no está preparada para ello. ¿A qué me suena eso? Ah, sí. Al conocimiento iniciático que han explotado todas las sectas para intentar someternos. Algunas han triunfado y ahora, después de innombrables, innumerables e injustificables tropelías, son cultura, patrimonio de la humanidad, y tenemos que sostenerlas con los recursos de todos. Igual lo de mi amiga triunfa algún día y la mujer se convierte en la Mama de millones y millones de adeptos.
Bueno, parece que no tengo precisamente el don de la oportunidad y que escojo el peor de los días para hablar de estas cosas. Pero, qué puñetas, anoche canté villancicos hasta reventar y hoy voy a celebrar una espléndida comida con la familia. Que, por poco crédulo que sea, soy tan contradictorio como cualquiera.
Venga, Feliz Navidad.