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martes, 29 de octubre de 2013

Rankings y demás gilipolleces

Hoy leía en prensa una noticia que me ha hecho reflexionar: el informe Doring Business 2014 del Banco Mundial señala que España ocupa uno de los últimos puestos, entre países que no me atrevo a nombrar, en el ranking internacional en cuanto a facilidades para crear una empresa. Ranking en el que, además, estamos perdiendo posiciones. ¿Qué fatalidad nos persigue para que, excepto en lo deportivo, naufraguemos irremediablemente en casi todos los ámbitos? Un amigo me contaba una vez que una compañera de instituto de su hija presumía de tener más de doscientas sociedades a su nombre en Sudamérica. Eso es lo moderno, señores, poder crear sociedades a porrillo sin impedimento alguno. El Banco Mundial emite su informe y los gobiernos que no liberalizan de forma total la creación de empresas quedan de pena ante sus ciudadanos, que presionan para que los políticos redacten las normativas adecuadas para solventar el problema y escalar peldaños en el ranking, que para eso son las competiciones. En muchas cosas podemos quedar atrás los españoles, pero en una competición... Por favor. La muchacha de las doscientas sociedades es, como no, hija de un conocido empresario local. Pero, me pregunto yo, ¿para qué quiere una niña de dieciséis años tener doscientas sociedades en Sudamérica? Se me vienen algunas respuestas a la cabeza. Ella para presumir. Su padre para cosas más complicadas.

Hace muchos años, cuando yo aún era joven, los emprendedores, como ridículamente se los llama ahora, sentían el orgullo de crear empresas que progresaran paso a paso y perduraran en el tiempo. Crear una empresa costaba lo suyo, pero merecía la pena el esfuerzo. La moda de hoy es bien distinta. Crear sociedades tiene que ser cosa de coser y cantar. Y no una ni dos ni tres. Doscientas, trescientas, cuatrocientas... Crearlas y liquidarlas a la velocidad del sonido. Eso permite cosas tan ventajosas como la ingeniería fiscal.

A octubre de este año, o sea, ahora mismo, la cantidad a ingresar por expedientes pendientes por la Agencia Tributaria asciende a 41.773 millones de euros. No voy a hacer el ejercicio de comparar a qué equivale esa cantidad, pero se pueden ustedes hacer una idea. ¿Cómo se llega a tal montaña de dinero? Se explica muy fácil si se tiene en cuenta que el grueso de ese montante corresponde al Impuesto de Sociedades. El deporte nacional de hoy en día es el de no pagar impuestos. Cuando la Agencia Tributaria aprieta, se liquida en quiebra la sociedad y continuamos creando otras más que seguirán la misma estrategia. No sé para qué demonios pide la CEOE, basándose en su IEE (yo creo que lo de las siglas solo lo utilizan para liarnos), que se rebaje el Impuesto de Sociedades. Por cierto que también dice la superdotada CEOE que la jubilación debería retrasarse hasta los setenta años. Eso sí, sin explicar que ningún empresario aceptaría trabajadores de tan avanzada edad.

Por cierto, y hablando de informes, el de septiembre del Foro Económico Mundial afirma que España se encuentra en la cola de la productividad. Pues nada, a mejorar el ranking. Seguiremos bajando salarios y quitando derechos, que cualquier cosa se puede tolerar menos estar a la cola de cualquier cosa.

Mientras escribía este artículo, me he asomado a la ventana para tomar la foto que lo ilustra: el sol y el arcoiris de acuerdo para iluminar una de las viejas glorias empresariales de esta ciudad fallecida hace muchos años. ¿Habrá sido una señal?

miércoles, 2 de octubre de 2013

Presentación Cuando el día cambia de color

Dejo aquí mi discurso en la presentación del libro.

Buenas noches.

Bienvenidos a este acto de presentación de la novela de Francesca Valentincic Cuando el día cambia de color, publicada por la editorial Atlantis en este mes de septiembre a punto de finalizar.

Atlantis es una editorial fundada en el año 2005 que enfoca desde sus orígenes su línea editorial hacia los nuevos autores en la publicación de sus primeros o segundos trabajos. Abrir hueco en el panorama literario para las nuevas voces comienza por convencer a distribuidores y libreros de que las obras que publica Atlantis bien merecen un puesto en las estanterías y en los escaparates, y en eso ha trabajado y mejorado la editorial en todos estos años llegando a colocar sus libros en las estanterías de todas las librerías centrales de España. Así, no solo muchos autores noveles desconocidos para el gran público han podido iniciar su singladura literaria de la mano de Atlantis, sino que también han confiado en la editorial personajes conocidos como Espido Freire, Rafa Reig, Carlos Salem, Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Ouka Leele o Leopoldo María Panero. Atlantis ha contado, además, con presentadores tan conocidos como José Bono, Esperanza Aguirre, Ramón Langa o el doctor Cabrera.

Hay que decir que la publicación con Atlantis significa para el autor la certificación de que su obra, al superar los controles de calidad de la editorial, posee un nivel literario suficiente para animarle a continuar trabajando en este ámbito y plantearse nuevos retos en el futuro, ya sea con Atlantis o con otras editoriales. Lo importante es ese primer paso que pone en marcha quien sabe si una exitosa carrera literaria o que culmina la ilusión del autor de ver publicado un libro al que ha dedicado muchas horas y que puede haber supuesto muchas renuncias personales.

Francesca Valentincic es una italiana afincada en Mallorca desde los años 80 que afirma sentirse ya más mallorquina que italiana. Mujer de competencias asombrosas, es capaz de materializar el milagro de compaginar trabajo, familia, estudios universitarios y escritura. Su afición a la horticultura, la música o el punto de cruz nos habla de un carácter afable y reflexivo, y sus reuniones de amigas en la cocina de la importancia que da a la amistad, puntos que se reflejan en esta novela de la que ya comienza a ser una amplia bibliografía personal de la autora. La memoria del agua, La sangre que moja la tierra, Lo que queda de nosotros y, ahora, Cuando el día cambia de color. Con La sangre que moja la tierra fue finalista de los premios Pare Colom, de Inca, y La isla de las letras, de la editorial Atlantis, y con Lo que queda de nosotros ganó la segunda edición del certamen La isla de las letras.

En cuanto a la obra que presentamos esta noche cabe resaltar que estamos ante una novela de estructura libre con un largo epílogo que tampoco está sujeto a cánones establecidos. A la libertad estructural se suma la libertad expresiva de la autora para crear una obra a medio camino entre la novela romántica y el thriller psicológico. Podemos considerar la literatura como hilo argumental de la novela puesto que los principales personajes son escritoras y la historia se desarrolla en torno a su creación y el proceso y las dificultades que para ellas conlleva. Las historias se enlazan y discurren por caminos paralelos dando consistencia al conjunto, con unos personajes femeninos bien caracterizados y unos personajes masculinos que se limitan a orbitar alrededor como satélites menores atrapados en su gravedad o expulsados por su fuerza centrífuga.

La escritura de Francesca es a la vez ágil e introspectiva, y en su novela bucea por los sentimientos, las traiciones o los amores incondicionales con el mar como elemento unificador y omnipresente. Francesca resuelve igualmente bien, con una buena medida de lo conveniente, la descripción de los paisajes y la ambientación de los momentos sin enterrar las frases bajo un alud interminable de adjetivos vacíos y sin caer tampoco en una economía del lenguaje que deje al lector a medias.

La ventana se abría sobre un mar profundo e intensamente azul, comienza la novela. Una frase corta que sugiere tantas cosas que poco más necesita la autora para situarnos en la escena. Una frase que abre por sí misma la ventana de nuestra imaginación hacia un mundo con sabor a salitre y olor de yodo marino. A una vida pausada y contemplativa. A un óleo frente al que nos detenemos a pensar. Así construye Francesca sus escenas, con unas pinceladas precisas en el tono justo. El mar y unas cuantas hojas de té esparcidas alrededor de un bote de hojalata sobre la mesa de la cocina. Elementos importantes en el tejido de una obra bien construida y bien contada.

No quiero acabar mi discurso sin citar un trabajo de Kristine Vanden Berghe, doctora en literatura y profesora de literatura hispánica de las universidades de Lieja y Namur en Bélgica, titulada Las novelas de la rebelión zapatista. En el ensayo se analizan diez novelas sobre el tema y una de ellas es La sangre que moja la tierra, de nuestra querida autora Francesca. Tengo que añadir que la obra de la doctora Vanden Berghe es de obligada lectura y materia de examen en algunas universidades, la de Ciudad de México, por supuesto, entre ellas.

Antes de otorgarle la palabra definitivamente a Francesca, quiero transmitirle mi enhorabuena por su novela y desearle todo tipo de éxitos presentes y futuros.