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martes, 20 de noviembre de 2012

Perro solitario y rabioso

Después de un mes en blanco -harto estaba de escribir después de acabar mi nueva novela-, regreso a estas páginas con algo que creo vale la pena de una compañera de trabajo. No la conozco en persona porque nuestros centros están separados por un puñado de cientos de kilómetros, pero he leído muchos de sus poemas y hemos intercambiado opiniones sobre nuestras respectivas creaciones porque colaboramos en la misma revista digital. Tengo que decir que Juana Rios rezuma sensibilidad -que no sensiblería- por los cuatro costados y que en cada uno de sus nuevos poemas me sorprende más que en el anterior. Aquí os dejo una hermosa muestra de su trabajo poético.

Perro solitario y rabioso

Peces ambiciosos de océanos, atraviesan,

viajeros del agua, los ríos dorados de tus ojos.

Tus labios dibujan palabras en el espacio que nos separa

que yo devoro ansiosamente, con hambre de tu voz.

Y sé que aunque me miras, no me ves,

que aunque me hablas, estás muy lejos,

que tu risa se escapa jugando con el viento

a lugares inaccesibles para mí, secretos.

Un rayo de sol abre un camino, una herida sobre las sábanas,

un precipicio silencioso que se dibuja en el colchón

entre tu cuerpo y el mío.

El día, con su presencia luminosa,

diluye el espejismo de la noche,

y en tu piel, las rutas que guiaron mis manos maravilladas,

se borran, se cierran, se esconden.

Sonríes y la habitación se llena de mariposas, de veranos,

de caracolas y olas de espuma ingrávida.

Y te marchas de mi casa, y la ceniza gris, triste, amarga,

de tu ausencia, me muerde en la boca

como un perro solitario y rabioso.

Juana Ríos Ríos