Perro solitario y rabioso
Peces ambiciosos de océanos, atraviesan,
viajeros del agua, los ríos dorados de tus ojos.
Tus labios dibujan palabras en el espacio que nos separa
que yo devoro ansiosamente, con hambre de tu voz.
Y sé que aunque me miras, no me ves,
que aunque me hablas, estás muy lejos,
que tu risa se escapa jugando con el viento
a lugares inaccesibles para mí, secretos.
Un rayo de sol abre un camino, una herida sobre las sábanas,
un precipicio silencioso que se dibuja en el colchón
entre tu cuerpo y el mío.
El día, con su presencia luminosa,
diluye el espejismo de la noche,
y en tu piel, las rutas que guiaron mis manos maravilladas,
se borran, se cierran, se esconden.
Sonríes y la habitación se llena de mariposas, de veranos,
de caracolas y olas de espuma ingrávida.
Y te marchas de mi casa, y la ceniza gris, triste, amarga,
de tu ausencia, me muerde en la boca
como un perro solitario y rabioso.
Juana Ríos Ríos
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