Se me ocurre también si, al igual que la realeza del Antiguo Egipto hacía cuando la enterraban, se llevaría consigo su séquito a la cárcel. La de plazas que podría ocupar esta mujer con las necesidades que hay... Igual no se sabe ni asearse sola. Ah, ¿que no tiene séquito? ¿Ni Chambelán, ni Maestro de Capilla, ni Dama de Honor ni Bufón? ¿Ni siquiera Mozo de Bacín? -pongo mayúsculas por todo no sea que meta la pata rebajando la categoría a alguien-. Vaya, pobre Princesa, perdón, Infanta, que en el real escalafón la ha adelantado una plebeya por la línea tangente. Pues a lo mejor se lleva a su Secretario . ¿Que tendría que ir sola a la cárcel? Eso sí que no me lo imagino. Bueno, lo imaginó en su día el gran Rubén Darío:
La Princesa está triste... ¿Qué tendrá la Princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa...
Y otra cosa mucho peor sería el tema de las visitas. ¿Se imaginan a su padre o a su madre -los dos juntos ya es difícil- visitando a su real hija en Alcalá-Meco? ¿Se imaginan ustedes lo que nos costaría a cada español la real visita? Se necesitarían montañas de policías para proteger a Sus Majestades de una inmensa turba de bandidas. ¡Y las reverencias! Dios mio, las reverencias. Todo el mundo torturado con la lumbalgia y tener que volverse a agachar cada vez que Su Alteza Real tiene visitas... Creo que reclusas, funcionarias de prisiones y pueblo llano en general, ese que con sus impuestos mantiene la gigantesca maquinaria del estado, no se merecen todo esto. Me alegro, realmente, de la suspensión dictada a fecha de hoy.