Miquel Àngel Lladó nos presenta una recopilación bilingue de poemas de una ternura arrebatadora, insólita y casi dolorosa acompañada de los dibujos de los niños del colegio Gaspar Hauser. Los versos del autor nos transportan a un mundo diferente y desconocido, a un mundo que vive encerrado dentro de si mismo entre silencios y miradas perdidas, a una isla oculta tras un muro de hielo. El autismo, esa misteriosa forma de ser, es el eje vertebrador de esta obra que Miquel Àngel Lladó dedica a su hijo fallecido que vivió en esa tierra extraña. Una parte de los beneficios de esta excelente e inquietante obra se destinarán al colegios Gaspar Hauser.
Miquel Àngel Lladó
El inquilino del hielo
Editorial Casabierta
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domingo, 22 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Cuentos populares de los gitanos españoles, el nuevo libro de Javier Asensio.
Conocí a Javier Asensio recientemente en un curso de informática en Madrid, pues los dos nos dedicamos a lo mismo y en la misma gran empresa aunque en localizaciones geográficas muy distintas. De inmediato me pareció una persona interesante y, casualmente, preparaba la edición de este estupendo libro que acaba de publicar. Yo, que andaba también con mi proyecto, aproveché el viaje a la capital para firmar el contrato de edición de mi novela, así que tuvimos tema más que suficiente para conversar. Presentamos nuestros respectivos libros con muy poco tiempo de diferencia.
Una estupenda contextualización historica, a modo de introducción, prologa el libro con una técnica de escritura sólida. El trabajo de recopilación se plasma en 79 cuentos recogidos de una tradición oral gitana amenazada por los nuevos tiempos de cónsolas de videojuegos y teléfonos móviles. Un libro de lectura muy amena y culturalmente acertado.
Javier Asensio García
Cuentos populares de los gitanos españoles
Ediciones Siruela
Marzo 2011
martes, 10 de mayo de 2011
Último anochecer
El mar cantaba apacible y el sol extendía sus dedos de fuego arrancando destellos dorados sobre sus aguas azules y verdes. Venus, eterno guardián, resplandecía en el cielo de poniente anunciando la incierta noche. Y allí estábamos nosotros, testigos y cómplices de aquel asombroso ocaso, de ese anochecer salvaje de verano desde el mirador perfecto de la atalaya. La bahía se extendía a nuestros pies bebiendo los últimos rayos de un día que agonizaba sin prisa, y una pandilla de gaviotas, vociferando para dirimir quién sabe qué conflicto junto al acantilado que amurallaba el llano en el este, arrancó nuestras risas. El eco de sus gritos se fundía en el suave frisar del lento vaivén del mar formando parte de ese todo del que nos alimentábamos voraces mientras la noche silenciosa acechaba a nuestras espaldas. Y cuando el sol besó su propio reflejo en el agua para disolverse en sí mismo, nuestras manos se rozaron sin que mediaran las palabras. Solos, arropados por un mundo que detenía su latido para regalarnos aquel momento, apenas me atreví a mirar tus ojos hasta que me atrapó la miel que el último destello del día pintó en tus pupilas. Entonces, el sol se sumergió con sigilo en las aguas profundas para que la noche extendiera sobre nosotros su manto estrellado.
Y aquí estamos de nuevo, una vida después, cerrando el círculo. La bahía ha cambiado su piel como una serpiente. Ya no canta el mar ni las gaviotas cortan el aire con su aleteo sereno porque una nueva y ruidosa fauna de cemento y asfalto se ha apoderado de ella, pero la atalaya resiste sobre el mismo acantilado. Hemos recorrido un camino de rosas y espinas, de triunfos y derrotas, de alegrías y amarguras. Juntos hasta este final que la implacable tiranía del tiempo ha marcado. En este anochecer tan igual a aquel otro, cumpliré tu último deseo. Cuando el sol desfallezca bajo el mismo horizonte oscuro de la lejana adolescencia, dejaré volar tus cenizas al viento que empuja hacia el mar sobre el valle, sobre la bahía que vio nuestras manos rozarse.
De Amor en Paro...
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