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martes, 12 de junio de 2012

Hasta las bolas de mentiras

Un principio irrenunciable para mí al crear este blog fue el no utilizarlo para fines distintos a los perseguidos en su concepción, básicamente literarios y, si se da el caso, de creación artística en general. Pero llega un momento en que la olla a presión necesita liberar energía para no reventar y mi principio inamovible se diluye como humo en la niebla. Así que hoy convierto este medio en válvula de escape y que dios nos coja confesados.

Aunque mi formación en algunos ámbitos no es muy amplia, sé escuchar, sé leer y sé ver, así que, poco a poco, me voy haciendo una opinión de las cosas. Junto las piezas del puzzle para intentar recomponer una imagen de la realidad intencionadamente troceada para alejarla de lo evidente. Cierto que este país es una cueva de Alí-Babá y que no te puedes fiar ni de las personas ni de las instituciones, pero parece ser que en otros países más "avanzados" son capaces de mantener cuadrillas de espabilados que, sin comenter ninguna irregularidad, consiguen mucho más de lo que aquí se alcanza con marrullería de baja estofa. El rumbo que nos está marcando la clase dirigente alemana en connivencia con su gobierno para colocarnos en el lugar que les interesa nos lleva a un retroceso económico y social que podría hacernos recular medio siglo en el tiempo, sino más. Y creo que ya es hora de que hablemos de ello todos y por todos los medios. Alemania está consiguiendo lo que siempre ha soñado: la supremacía en Europa. Y lo está consiguiendo con la economía a través de la acción política. España, un país de cuatreros que han desvalijado las cajas de ahorros con la participación activa de políticos y sindicalistas mediante prácticas clientelistas en la frontera de lo mafioso, que ha ahogado la vida pública con la corrupción y que ha contaminado con ella las instituciones, es una víctima fácil.

Cuando Rajoy dijo que la confianza en España era tal que un grupo de inversores alemanes vendría a nuestro país en septiembre, lo vi muy claro. Nuestras condiciones laborales se están acercando a lo que demanda la industria alemana: bajos salarios y escasos derechos. El sueño, por ejemplo, de cualquier marca automovilística con la producción deslocalizada. Cada recorte en educación, cada punto menos de inversión en I+D en España -o en cualquier otro país europeo- es un triunfo para la poderosa maquinaria tecnológica alemana que busca eliminar toda competencia en sus fronteras de influencia. Los alemanes quieren asegurarse de tener las patentes, que es lo que realmente da dinero. Las fábricas pueden instalarlas en cualquier parte. Mejor si es en los países periféricos de "su" Europa, como España, Italia, Grecia, o Portugal, porque los gastos de transporte serán menores y comparten su moneda. Sus PIGS (Portugal-Italy-Greeze-Spain) que van a poder utilizar para no poner sus fábricas tan lejos. El rescate a la banca es otra arma más en su poder, que utilizan ligándola al cumplimiento del objetivo de déficit que ellos mismos nos marcan. Es decir, a la profundización de nuestro país en las reformas que les benefician.

En estas condiciones, no nos queda otra que echarnos al monte. A la mierda el euro y que cada palo aguante su vela. Y, si me equivoco, que alguien me explique de una puñetera vez y con claridad por qué nuestros gobiernos se pliegan sin levantar la voz. Que nos revelen a todos quiénes, dentro de nuestras fronteras, se van a beneficiar del desmantelamiento de los servicios públicos. Quizás nuestros dirigentes, cuando cesen su actividad política, pasen de colocarse en las compañías bandera patrias para colocarse en las compañías bandera alemanas. Sería un justo premio por los servicios prestados. Esto huele cada vez peor.

domingo, 10 de junio de 2012

Trazado en diagonal, reseña.

Sinopsis: Lidia, una joven con pareja, y con buen puesto de trabajo, decide romper con todo. Así, se marcha sin rumbo ni destino. En un pueblo costero, caminando por la playa, una mañana conoce a Giacomo, un italiano que se encuentra paseando a su perro. Sienten una fuerte atracción desde el primer momento, por lo que durante los días siguientes, vivirán una profunda historia de amor. Lidia se da cuenta de que es el hombre de su vida, pero Giacomo ha enviudado recientemente y contempla la existencia desde una perspectiva más liviana desde entonces. Todo lo contrario que Lidia, quien no puede evitar magnificarlo todo. En este momento el lector conocerá el gran secreto de nuestra protagonista y el porqué de la actitud de los últimos tiempos: unas pruebas médicas le diagnosticaron una grave enfermedad degenerativa que en poco tiempo podría acabar con ella.

Trazado en diagonal, enmarcada dentro del género romántico, es una novela moderna, urbana, que habla de la juventud, y trata los principales problemas a los que una persona tendrá que hacer frente en un momento determinado.

La autora: Ana Julia Martínez pertenece, como yo, a ese enorme ejército de funcionarios escritores que recorren las ferias de este país con mayor o menor fortuna. Ha participado en varios concursos literarios con buenos resultados, ha escrito en prensa y presenta un programa de radio. A este extenso currículum, hay que añadir que también es actriz de doblaje de spots y documentales, hecho que provocó una curiosa anécdota en nuestro encuentro en la Feria del libro de Madrid. Prometí leer y comentar su libro, y aquí está.

Opinión: La autora tiene una historia que quiere contar y lo hace como si estuviera con una amiga en la terraza de un bar. Sin metáforas rebuscadas, sin florituras literarias. Este es un libro que no tiene pretensiones. Un lenguaje sencillo, actual, directo. No hay que pensar mucho. Basta con dejarse llevar por la lectura. Trazado en diagonal es una novela de una tarde de playa, con el sonido de las olas de fondo. Ni dejará huella ni resaca. Habremos pasado la tarde y esa parece ser la intención de la autora. Literatura ligera para momentos intrascendentes. Aunque los personajes y las situaciones parecen un poco forzados y tanto enamoramiento puede acabar resultando cómico, no me ha costado ningún esfuerzo leer esta obra, al contrario de lo que me ha pasado con algunas novelas de autores consagrados que han acabado en la estantería a media lectura.

Tratándose de género romántico, creía que le daría carpetazo en las primeras páginas, pero es ligera como una ensalada de arroz en el més de agosto. He llegado hasta la última página sin darme ni cuenta. Si te gusta la novela romántica y te vas a pasar la tarde a la playa, Trazado en diagonal es una buena opción.