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miércoles, 2 de octubre de 2013

Presentación Cuando el día cambia de color

Dejo aquí mi discurso en la presentación del libro.

Buenas noches.

Bienvenidos a este acto de presentación de la novela de Francesca Valentincic Cuando el día cambia de color, publicada por la editorial Atlantis en este mes de septiembre a punto de finalizar.

Atlantis es una editorial fundada en el año 2005 que enfoca desde sus orígenes su línea editorial hacia los nuevos autores en la publicación de sus primeros o segundos trabajos. Abrir hueco en el panorama literario para las nuevas voces comienza por convencer a distribuidores y libreros de que las obras que publica Atlantis bien merecen un puesto en las estanterías y en los escaparates, y en eso ha trabajado y mejorado la editorial en todos estos años llegando a colocar sus libros en las estanterías de todas las librerías centrales de España. Así, no solo muchos autores noveles desconocidos para el gran público han podido iniciar su singladura literaria de la mano de Atlantis, sino que también han confiado en la editorial personajes conocidos como Espido Freire, Rafa Reig, Carlos Salem, Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Ouka Leele o Leopoldo María Panero. Atlantis ha contado, además, con presentadores tan conocidos como José Bono, Esperanza Aguirre, Ramón Langa o el doctor Cabrera.

Hay que decir que la publicación con Atlantis significa para el autor la certificación de que su obra, al superar los controles de calidad de la editorial, posee un nivel literario suficiente para animarle a continuar trabajando en este ámbito y plantearse nuevos retos en el futuro, ya sea con Atlantis o con otras editoriales. Lo importante es ese primer paso que pone en marcha quien sabe si una exitosa carrera literaria o que culmina la ilusión del autor de ver publicado un libro al que ha dedicado muchas horas y que puede haber supuesto muchas renuncias personales.

Francesca Valentincic es una italiana afincada en Mallorca desde los años 80 que afirma sentirse ya más mallorquina que italiana. Mujer de competencias asombrosas, es capaz de materializar el milagro de compaginar trabajo, familia, estudios universitarios y escritura. Su afición a la horticultura, la música o el punto de cruz nos habla de un carácter afable y reflexivo, y sus reuniones de amigas en la cocina de la importancia que da a la amistad, puntos que se reflejan en esta novela de la que ya comienza a ser una amplia bibliografía personal de la autora. La memoria del agua, La sangre que moja la tierra, Lo que queda de nosotros y, ahora, Cuando el día cambia de color. Con La sangre que moja la tierra fue finalista de los premios Pare Colom, de Inca, y La isla de las letras, de la editorial Atlantis, y con Lo que queda de nosotros ganó la segunda edición del certamen La isla de las letras.

En cuanto a la obra que presentamos esta noche cabe resaltar que estamos ante una novela de estructura libre con un largo epílogo que tampoco está sujeto a cánones establecidos. A la libertad estructural se suma la libertad expresiva de la autora para crear una obra a medio camino entre la novela romántica y el thriller psicológico. Podemos considerar la literatura como hilo argumental de la novela puesto que los principales personajes son escritoras y la historia se desarrolla en torno a su creación y el proceso y las dificultades que para ellas conlleva. Las historias se enlazan y discurren por caminos paralelos dando consistencia al conjunto, con unos personajes femeninos bien caracterizados y unos personajes masculinos que se limitan a orbitar alrededor como satélites menores atrapados en su gravedad o expulsados por su fuerza centrífuga.

La escritura de Francesca es a la vez ágil e introspectiva, y en su novela bucea por los sentimientos, las traiciones o los amores incondicionales con el mar como elemento unificador y omnipresente. Francesca resuelve igualmente bien, con una buena medida de lo conveniente, la descripción de los paisajes y la ambientación de los momentos sin enterrar las frases bajo un alud interminable de adjetivos vacíos y sin caer tampoco en una economía del lenguaje que deje al lector a medias.

La ventana se abría sobre un mar profundo e intensamente azul, comienza la novela. Una frase corta que sugiere tantas cosas que poco más necesita la autora para situarnos en la escena. Una frase que abre por sí misma la ventana de nuestra imaginación hacia un mundo con sabor a salitre y olor de yodo marino. A una vida pausada y contemplativa. A un óleo frente al que nos detenemos a pensar. Así construye Francesca sus escenas, con unas pinceladas precisas en el tono justo. El mar y unas cuantas hojas de té esparcidas alrededor de un bote de hojalata sobre la mesa de la cocina. Elementos importantes en el tejido de una obra bien construida y bien contada.

No quiero acabar mi discurso sin citar un trabajo de Kristine Vanden Berghe, doctora en literatura y profesora de literatura hispánica de las universidades de Lieja y Namur en Bélgica, titulada Las novelas de la rebelión zapatista. En el ensayo se analizan diez novelas sobre el tema y una de ellas es La sangre que moja la tierra, de nuestra querida autora Francesca. Tengo que añadir que la obra de la doctora Vanden Berghe es de obligada lectura y materia de examen en algunas universidades, la de Ciudad de México, por supuesto, entre ellas.

Antes de otorgarle la palabra definitivamente a Francesca, quiero transmitirle mi enhorabuena por su novela y desearle todo tipo de éxitos presentes y futuros.

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