Los partidos políticos, cuando menos los grandes aunque muestras de sobra hemos tenido sobre lo que es capaz un partido pequeño que consigue llegar a las intituciones, se han estado financiando de forma irregular con sobrecostes de obras públicas, organizaciones de eventos públicos y demás que pagamos entre todos. Las grandes empresas han invertido mucho en los partidos porque resulta un buen negocio: adjudicaciones en concursos amañados, sin concurso mediante la fragmentación de las fracturas y quién sabe cuántas técnicas más para forrarse con el dinero de todos. ¿Cuántas faraónicas barbaridades se han construido en este país? Cualquier obra pública cuesta en España el doble que en cualquier otro lado, con lo que, visto lo visto, están todas bajo sospecha. Pero hay muchas otras cosa de las que sospechar. ¿Por qué cualquier gran empresa para menos impuestos que sus empleados? El tipo base del Impuesto de Sociedades en España es del treinta por ciento. Eso nos iguala al resto de Europa, pero lo que pagan después de deducciones es del todo ridículo. Los que legislan se benefician de las donaciones de las grandes empresas y así legislan. Y, con la espectacular caída de la obra pública y liquidado el expolio de las cajas de ahorros entonamos el verbo privatizar. Vendemos la sanidad creada entre todos y nos inventamos un dicho nuevo: privatiza que algo queda. A estas alturas, creo que se debería proceder a la intervención judicial al menos del partido que ahora está en entredicho.
Dicen que los políticos españoles ganan poco. Que ganan la mitad que sus homólogos europeos. Pues mire usted, como cualquier trabajador español. O todos moros o todos cristianos. Pero resulta que nuestros políticos se homologan el sueldo complementándoselo desde los partidos, que ya sabemos cuales son sus artes para ganar dinero. Eso es lo mismo que decir que pagamos sus sobresueldos de nuestros bolsillos vía presupuestos generales y vía sobrecostes, rebajas tributarias a los de siempre, ayudas públicas a los que se han cargado el país, etc. Y después proponen retrasar la jubilación, reducir el Impuesto de Sociedades y no sé cuantas cosas más. Y todo eso cuando a uno le han bajado el salario, después se lo han congelado y se lo han vuelto a congelar, le han quitado la extra de Navidad y días libres le sienta muy mal. Nada, que uno se levanta un día cualquiera, se prepara el desayuno, pone la radio y dice: hoy me tiro al monte. Bueno, a menos que le vengan a buscar en coche oficial a la puerta de casa y le complementen el salario. Así, cualquiera se jubila a los setenta. Aunque, como eso no va a ocurrir, al final uno se ducha, se arregla, se traga el orgullo y la mala leche y se va a trabajar. Que por algo no es más que otro borrego del rebaño.
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